Vivette García Deister
- Kate Moss, Drosophila y otras supermodelos
(¿Cómo ves? 114, mayo 2008)
Clementina Equihua Zamora
- El discreto encanto de las cochinillas
(¿Cómo ves?, 107, octubre 2007)
José Alberto Campillo Balderas
Me pueden decir simplemente Pepe, apodo al que he estado acostumbrado desde que nací en mi natal Córdoba, Veracruz un 14 de marzo. Ahí mismo estudié en la Facultad de Ciencias Biológicas y Agropecuarias de la Universidad Veracruzana en donde me formé como Lic. en Biología en el área terminal de Biotecnología. Al salir me encontré que, como tal, no era suficiente para poder ingresar a la realidad laboral que vive nuestro país, así que decidí especializarme (además de que me urgía más conocimiento para deleite personal).
Llegué a la ciudad de México en octubre de 2003, aunque ya lo había pisado anteriormente en "veranos científicos" pasados, y me topé con una Universidad que me robó el corazón profundamente (ja, o más bien debería decir: el cerebro a través de los neurotransmisores). Aquí hice la Maestría en Ciencias Biológicas (aún no me titulo :(), no sin antes haber caminado, como anfitrión, en los pasillos del inigualable y heterodoxo Museo de Ciencias Universum donde pude percatarme que la Ciencia también presenta una faceta importante: su divulgación. Por lo tanto, es en esta etapa, que comprendí que un hacedor de Ciencia no está completo si solo hace exclusivamente investigación, es decir, necesita desarrollar la parte de transmisión de conocimiento de su área (docencia) y, al mismo tiempo, la parte de comunicación de la Ciencia de forma accesible a cualquier tipo de público (divulgación). Y en este último punto, es mi argumento principal para asistir a este taller de Martín en donde espero aprender, aunque sea una "embarradita", a "recrear fielmente el conocimiento" a través de la escritura y promover la "cultura científica" tal vez no a un gran sector de la sociedad, como lo hace mi ahora mentor Martín, pero sí a cualquier persona o grupo de personas que me permita hacerlo.
José Manuel Posada de la Concha
A Manuel le cuesta trabajo tener
una sola lectura en las manos, de tal forma que una vez lo bañaron con agua
bendita (y excomulgaron cuando apenas preparaba su primera comunión, caso único
en la historia de la iglesia) por sacar ¡Alarma! en el catesismo en lugar
de su biblia para niños; demasiada sangre sólo es permitida en las futuras
películas de Mel Gibson, infirió la bella maestra bíblica. Ese día Manuel y Dios
tuvieron un disgusto tal, que el primero no cree en el segundo y el segundo
disimula que no ve al primero cuando pasan cerca.
De los mejores recuerdos que tiene Manuel de su paso por la universidad, de la que todavía no sale pues (dice que) trabaja en el Instituto de Ingeniería, es cuando hizo trastabillar al científico más citado de toda la UNAM (o por lo menos de aquellas épocas) al hacerle una pregunta muy sencilla de respuesta complicada. “El desconocimiento ajeno es mérito propio”, pensó orgulloso, filosofía estudiantil muy extendida en la sociedad mexicana.
Manuel escribió un libro que sirve excelentemente para hacer experimentos de física, esto dicho por profesores de todos los rincones de México: Cuando lo sueltan en el vacío cae con aceleración “g” (sí, estamos hablando del libro); el texto orbitaría alrededor de la Tierra si lo lanzaran con la velocidad apropiada a una altura, también, apropiada; siempre conserva su masa (mientras un alumno no lo deshoje para ir al baño); se queda en reposo hasta que una fuerza externa lo mueva; al colocarlo dentro de un recipiente con agua caliente se le transfiere calor según “mCdT”, etc. En fin, como se menciona, el libro es muy bueno para realizar experimentos de física.
Entre los premios que nunca ha ganado Manuel se encuentran:
- (Chaca chaca de) Ariel por mejor actor de reparto
- Nobel de Medicina
- Botín de Oro
- Mujer del año
Manuel dice que todo lo anterior no importa pues con unos camarones empanizados frente a él o con un viaje a Coatepec se le olvida (aunque sea por un momento) que los premiados tienen mayores posibilidades de conseguir pareja y procrear; esto lo ha aprendido porque últimamente le agrada tanto leer sobre comportamiento humano, evolución y genética como ver películas como Las tortugas pueden volar o programas como Charly y Lola y El diván de Valentina, a la que conoció, dicho sea de paso, una vez que fue a comprar al Costco. No perdíó oportunidad de fotografiarse con ella, imagen que ocupa como fondo de pantalla de su celular.
Manuel siempre ha tenido la certeza de que corregir textos es un “pasatiempo” tormentoso mientras ve documentales y programas del 22 (porque no tiene cable para ver futbol todo el día). Uno primero y el otro después, concluyó sabiamente.
Manuel le ha dado 36 vueltas al Sol (y aún así no puede bajar de peso) y se define como un sospechosista-radicalesco, siempre duda y critica, por lo que hay que hacer lo mismo con él… pero no se manchen.
Pueden escribirle a jposadac@iingen.unam.mx cualquier cosa, excepto chistes, porque por curioso que parezca, aunque siempre se quiere hacer el graciosito, no le gustan los correos simplones.
Guadalupe Sandoval González
Soy egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana, de la carrera de Biología Experimental, en el 2003 y estoy por graduarme de Maestra en Ciencias en la UNAM, también en Biología Experimental. En el 85 estudie la carrera de Ingeniería Química en la Facultas de Química en la UNAM, pero por X motivos, suspendí la carrera.
Me gusta que me digan Lupita (con cariño) y tengo una predilección si igual y una gran pasión por los quehaceres científicos.
Me encanta la divulgación de la ciencia, de ahí surge mi interés por el Taller de Divulgación, me gusta compartir con la gente lo que aprendo y lo que hago.
Soy alegre y dicharachera, mucho muy sociable, soy fanática de la lectura y cinéfila de corazón.
También me gustan mucho los museos, las artesanías de todo el país y las fotografías y turistear con mis colegas extranjeros (estudiantes de ciencias e investigadores).
Adoro la naturaleza en todos los sentidos, los colores y las formas. Ya que lo mismo disfruto un atardecer, el verde de las montañas y los cerros, las formas caprichosas de las flores y las plantas, verde aquí amarillo allá, azul por todos lados y la calidez de los rojos.
Me gusta mucho observar y aprender de todo tipo de cosas.
En esta fotografía estoy dentro
de un árbol de más de 150 años, curiosamente no tiene el centro del árbol o
medula y esta vivo, se puede observar el follaje que cuelga del árbol y se
encuentra en el estado de Hidalgo, camino a una comunidad que se llama Pueblo
Viejo.




